Desde Lawbox, en donde acompañamos a los bachilleres de derecho y abogados a desarrollar su investigación, para optar por un grado académico de pre o posgrado. El cambio en las aulas universitarias no es una especulación teórica, sino una realidad cotidiana y palpable. En el ultimo par de años, el perfil del estudiante de derecho a mutado a una velocidad que las mallas curriculares aun no terminan de asimilar.
El actual problema ya no es una falta de acceso a la información, sino exactamente lo contrario: una sobreabundancia de respuestas inmediatas que está acabando con dos de las características más fundamentales del razonamiento humano: la comprensión lectora profunda y la capacidad de análisis crítico.
El espejismo del “trabajo perfecto”
Con mucha frecuencia recibimos en la oficina a clientes que estuvieron desarrollando “por ellos mismos” sus tesis, y de los cuales sus respectivos asesores les hicieron observaciones.
La tesis aparentemente tiene una redacción impecable; sintaxis fluida, tono formal y estructura ordenada. Sin embargo, basta con darle una revisada a su marco teórico para darnos cuenta de las incongruencias e inconsistencias de la tesis. Y ello ahondado a las observaciones de los asesores, nos damos cuenta del gran problema. El uso indiscriminado de la IA.
El problema de fondo no radica en el uso propiamente de la inteligencia artificial, sino en el que se use esta tecnología como un atajo para el desarrollo de la investigación académica.
La ilusión que nos transmite delegar a la inteligencia artificial el análisis de una lectura, un expediente o una simple sentencia con la finalidad de que nos estructure un trabajo académico, y que este lo haga en cuestión de segundos, es muy tentador y a la vez peligroso.
Al saltarse el esfuerzo de leer una sentencia extensa, contrastar votos singulares o desmesurar doctrinas contradictorias, no permite el desarrollo de un criterio profesional que las aulas universitarias se encargaban de forjar con lecturas, trabajos académicos y en largas reflexiones en clases.
Y si a ello le sumamos los efectos del precario sistema educativo en el país, encontramos todos los ingredientes precisos para conclusiones bastante pesimistas.
La muerte del método de estudios clásico
Frente a un escenario tan pesimista como el expuesto, que en las universidades se insista por un modelo educativo clásico, simplemente resulta anacrónico.
El tradicional método de estudios, en donde se dejaba largas lecturas para casa, o el dejar como trabajo la redacción de ensayos académicos sobre una doctrina estudiada en clases han perdido su validez como medidores de competencia entre los alumnos. Si una inteligencia artificial es capaz de analizarte como un profesional de amplia trayectoria una lectura sobre el acto jurídico o puede resumir en pocas palabras una doctrina sobre el derecho civil francés en cuestión de segundos, entonces se esta calificando la eficiencia de la inteligencia artificial antes que las competencias del alumno que en su viveza esta haciendo pasar el trabajo como suyo.
Ante esta situación, muchas universidades y catedráticos han optado por soluciones radicalmente opuestas entre sí; están los que han satanizado el uso de la inteligencia artificial en los trabajos que dejan o en el mismo uso de esta tecnología en clases, y en su opuesto están los que permiten el uso sin ningún tipo de filtros de esta tecnología, suplantando el trabajo del estudiante por el de la inteligencia artificial. Dichas soluciones solo reflejan el miedo y desconocimiento del verdadero uso y beneficios de la inteligencia artificial.
El reto en el mundo académico ya no está en luchar por retener los métodos clásicos de enseñanzas en las aulas universitarias. Debemos dejar de lado los libros pesados, la interpretación de palabras en latín y el uso del papel como documentos de evaluación. En su lugar, las universidades deben apostar por amoldarse a las nuevas tendencias de los estudiantes de hoy, proponer métodos de evaluación de análisis de casos en tiempo real, respaldándose en el uso de tecnologías como la inteligencia artificial, como el de un asistente que te da el soporte académico que necesitas a tiempo real.
Las nuevas tecnologías, como la inteligencia artificial, se han encargado de que el proceso de la información este procesado en segundos, haciendo imposible que el método de aprendizaje aborde horas de lecturas en bibliotecas silenciosas. La respuesta ante esta realidad, no puede ser de terquedad o de escándalo, ya que desde la academia nada ganamos con ello. Si no, el de abrazar la tecnología, la inmediatez de la información, y formar en nuestros estudiantes un criterio legal sólido.
Autor: Keevin Santiago Kong Toyco – CEO de Lawbox